Camine hacia la cocina y la vi, discutiendo con los menores, como la mayoría de las veces era injusto, tratando de suavizar las cosas, los justifique y como siempre me “callo”, pero esta vez ella tenia un cuchillo en las manos con el que me rozó el cuello en forma amenazante, sin darme cuenta me hizo una herida pequeña, que crecía al levantar la cabeza, al instante salí corriendo de casa, tome un taxi y con la cabeza abajo balbucee…
al hospital, rápido!!!.
Ya en el hospital, me examinaron y dijeron que necesitaba operación, un doctor amigo mío me explico, “es una herida complicada tenemos que suturar desde adentro”; y se retiro.
Pasaron horas y nadie me atendía, así que empecé a buscar ayuda, pero a nadie parecía importarle mi estado; la herida siguió creciendo, por mas k me esforzaba en no hablar ni levantar la cabeza, necesitaba hacerlo para pedir auxilio a cuanta gente encontraba en mi camino; en ese momento me sentí sola.
Después de algún tiempo el doctor se acerco y me explico k ya no necesitaba operación k la herida curaría sola si seguía las indicaciones (no hablar y mantener la cabeza baja); me mire al espejo y vi como poco a poco la herida iba curando, vi al lado, estaba ella; tranquila con el rostro reposado, parecía no sentir nada y su mirada no tenia culpa.
Ella es mi madre y la historia la soñé hace días.
Mis palabras para este sueño son: madre, cuchillo, herida; resumo esta experiencia ficticia a que mis sueños lograron hablar mas alto que mi silencio agobiador.
Hoy la valentía tiene mi rostro y mis ganas para continuar el rostro de El.